Historias de un transeúnte.

Historias de un transeúnte: El atril del abollado de Gonzalo Fonseca

Por Miliana Cifuentes

Frente a un mundo donde todo es un flash, click, modo efímero, selfie, spam, entre otras categorías pre apocalípticas, un libro puede ser un gesto de protesta. Y no hablamos de uno de esos manuales del buen vivir, la espiritualidad de las hadas, el destino en los fideos chinos, cómo hacerse millonario o adelgazar hasta los huesos con la última dieta mágica, o qué serie de pasos akáshicos seguir para poder desbloquear un chakra cual bombilla de mate tapada.

Esta es la recopilación de historias de un transeúnte viajero que deambula en dos pies o en dos ruedas, y va hilando anécdotas con cuerdas, techos de nylon, pinchazos y emparchados; con personajes que van agarrados a los hilos por los que también se puede ir colgando el lector, en el mejor sentido de la palabra.

Un libro de los que hay que leer de un tirón, como en un trance, o que hay que ir soltando de a puchitos, para recuperar el aire. Una agrupación de historias que son personales pero se extrapolan por la operación de la lectura de un otro que es susceptible a sentir la cachetada o el mimo, el olor de una parrillada con amigos o el ruido de las balas y las botas en una manifestación. 

Hay una introducción del autor, donde se reseñan y explican algunas de estas crónicas, que ya genera interés y arma un propósito: ¿por qué leer el Atril…?

¿Por qué interesarse por las memorias de un otro? ¿Qué hay en ellas que pueda hablar de un nosotros? ¿De cuántas maneras puede una anécdota cambiar la forma en que miramos una esquina fernandina archiconocida como Ituzaingó y Dodera?

¿Qué es ser un maldonauta?

El Atril vale la pena porque tiene disparadores de la risa escondidos en sus renglones, pero también porque nos trae a sus lectores una oportunidad para sensibilizarnos y detenernos en algunas cuestiones problemáticas como el hambre, el exilio, la soledad, la nostalgia. Todas ellas demasiado humanas, promotoras de una empatía en aquel que empieza a pensar en sus propias anécdotas, en sus posibles crónicas aún no escritas.

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El atril del abollado

Gonzalo Fonseca

Ginkgo, 2024

146 pág.