Presentación del libro DARÍO Y EL FLACO: Una mirada histórica y política al ¿último? ciclo frenteamplista en Maldonado (2005 – 2015).

Presentación del libro DARÍO Y EL FLACO: Una mirada histórica y política al ¿último? ciclo frenteamplista en Maldonado (2005 – 2015). 

Centro de Investigaciones Históricas de San Carlos, 11 de abril de 2026.
Prof. Martin Almada 

Quisiera en primer lugar agradecer la generosidad y la disposición con que hemos sido recibidos en esta orgullosa y querida ciudad, así como la oportunidad para la complejidad que nos brinda este prestigioso Centro de Investigaciones Históricas al abrirnos las puertas. Hay cosas que los carolinos han sabido conservar, con su idiosincrasia, con sus apasionados rasgos identitarios; rasgos que se manifiestan de diversas formas (en sus clubes de fútbol, en su carnaval, en sus personalidades, sus calles y sus barrios). San Carlos ha “permanecido y ha sabido florecer” en su cultura, definitivamente. Y vaya si en el hecho de sostener permanencias y tradiciones, esta institución que hoy nos recibe, ha desempeñado un papel más que decisivo. Nosotros nos sentimos muy complacidos de estar por aquí. Trataremos de honrar la oportunidad que se nos ha brindado.

En este panel hay pluralidad. También hay elementos colectivos y sensibilidades comunes. Lo primero tiene que ver con nuestras procedencias. Somos de orígenes distintos. Nos encontramos en Maldonado, es cierto, pero también nos reconocemos en una matriz compartida. Hay por aquí un montevideano fugado, como aquellos franciscanos que se iban a la campaña con Artigas, tan montevideano que lleva por nombre uno de los nombres de su ciudad natal; es un profesor de historia e investigador formado en Maldonado, en el CeRP del Este, que reside aquí junto a su familia hace casi una década. Antes que profesor es músico, tal vez porque vibran en él, entre otras influencias, los ecos lejanos de aquellas voces que trajeron al Río de la Plata las viejas compañías españolas hace más de un siglo; es un hombre del campo artístico y de la cultura, en el más amplio de los sentidos. Para mí es un enorme honor contar con la amistad, y la participación en esta actividad del profesor Felipe Castro. 

Por otra parte, me acompaña el profesor Mauro Mego, amigo, rochense como la voz de Humberto, como mi compañera y su familia, y como uno de mis hijos, Valentino. Nos conocimos en un campamento militante, hace ya más de veinte años, en el Departamento de Salto, allá por el 2005. Las circunstancias nos reencontraron en el 2007, en el CeRP del Este. Ahí nos formamos de la mano de entrañables profesores, tal como él lo relata en el prólogo del libro. Llevamos con orgullo esa marca de origen, esa matriz de la que hablaba anteriormente, lo tres. El profesor Mego se desempeñó como edil en la Junta Departamental de Rocha en los periodos 2010-2015 y 2015-2020. Presidió en dos oportunidades dicho organismo. Reside hace casi una década en Maldonado, departamento en el que trabaja y en el que han nacido sus hijos. Para mí es una enorme satisfacción, también, contar con él aquí, hoy, en esta presentación.

Finalmente, también nos acompaña mi amigo Servando Valero, titular de la emblemática Librería Espacio Chamangá. Desde ahí hemos podido darle impulso y difusión a nuestro trabajo. En el mes de febrero, Chamangá publicaba lo siguiente: “Hemos cerrado el mes con una alegría bien nuestra. Los tres autores más vendidos en la librería son del departamento. Tres miradas, tres estilos, una misma raíz: Maldonado escribiendo, pensando y contando lo propio. Gracias por elegir y apoyar a quienes crean desde acá, y hacen que nuestras voces circulen. Leer lo nuestro también es construir identidad”. DARÍO Y EL FLACO era uno de esos libros, y quien habla uno de esos autores. 

Al centro de nuestro Departamento de Maldonado, como espacio urbano, desafortunadamente no le sobran los motivos. Es probable que haya mucho por hacer en la materia, salvo que se esté haciendo, por medio de la especulación para vender en el corto y mediano plazo la tierra para construir en altura y lo que a primera vista parece desidia no sea desidia sino negocio, en fin. En cualquier caso, ese enclave cultural que es Chamangá, dirigido por un trinitario tozudo, amante de la fotografía y la música, así como apasionado del libro, al igual que San Carlos, “permanecerá y florecerá”.

Realizadas estas consideraciones que entiendo de orden, vayamos al punto.

De la misma manera que se puede postular que hay en Maldonado un antes y un después, esto es, una transformación significativa, en términos políticos, económicos, sociales y culturales a partir de las Elecciones Departamentales de mayo de 2005 (en qué medida y por qué eso fue efectivamente así, debería ser, sin dudas, objeto y motivo de próximas investigaciones) puede proponerse, también, que hay en Maldonado un punto de quiebre luego de las Elecciones Departamentales de 2015.

En ese sentido, este libro es, ante todo, hijo de la segunda de las hipótesis. ¿Por qué? Pues bien, en primer lugar, por razones de urgencia democrática. Tal vez anide en él, desde la reflexión política, entre otras cosas, una preocupación por el futuro, esto es, una inquietud a propósito de los nuevos horizontes y desafíos que la izquierda pueda plantearse asumir en este especialísimo Departamento de Maldonado. 

DARÍO Y EL FLACO es un libro duro en términos críticos; más no debería ser confundido con un ejercicio de autopsia, una inyección de pesimismo, o un alegato a favor de la resignación o la melancolía. Si bien en una primera aproximación puede dar la sensación de tener algo como de arqueológico, en el sentido de que anda como buscando algo perdido entre las ruinas, la clave reside, justamente, en aquello que anda buscando y en la forma en la que lo hace. El texto que escribí, siendo exigente conmigo mismo, parte de una idea habitada por la esperanza, y es aquella que expresara ajustadamente Mario Santucho, hijo del histórico líder revolucionario argentino desaparecido en 1976 y actual editor de la revista Crisis. En octubre de 2025, pensando la crisis de oposición política actual en el vecino país dijo: “tenemos que repensar seriamente si queremos enfrentar los desafíos políticos del presente. Hay que salir del repertorio de acciones que se están poniendo en juego, que es a todas luces ineficaz. Hay que ir a una autocrítica fuerte pero viva, porque tal vez la profundidad de los problemas sea una oportunidad para poder ir un poco más a fondo; para pensar juntos y en voz alta, sin miedo a la crítica y a decir cosas, porque sólo así seremos capaces de construir una oposición diferente, una posibilidad de alternativa superadora, que permita salir del derrotismo, de los dolores, las broncas y la frustración”. En esa misma línea, la profesora Julia Rosemberg afirma que “la derrota, lejos de ser un momento de pasividad, de impotencia, es un momento fundamental de la vida política, porque si se le da la oportunidad, es muy probable que se esté empezando a crear lo que viene”. 

De ahí la necesidad de revisitar al 2015, al duro 2015 de la izquierda frenteamplista en Maldonado. En ese sentido, y con el sustento de abrumadora evidencia al respecto, deberíamos tener presentes dos cuestiones. La primera, es que el resultado político adverso de 2015 para el Frente Amplio en el Departamento de Maldonado fue algo mucho más pesado que un simple revés electoral. La segunda, es que no se trató de un rayo en un cielo sereno. Es muy probable que el 2015 haya representado el estallido de una contradicción política lejana, largamente acumulada; contradicción que venía gestándose en los propios cimientos del ciclo anterior.  A propósito de esto, entiendo que es posible rastrearla, en cuanto a sus orígenes se refiere, por lo menos hasta el inicio del proceso que desembocó en la aceptación de la triple candidatura por parte de la izquierda en Maldonado hacia las departamentales de 2005. Ese proceso al que hago referencia, está pendiente en términos de investigación, abordaje y análisis. Pero hay indicios y sospechas que permiten pensar en la posibilidad de que en ese momento particular de la historia de la izquierda local se podrían haber estado generando las bases de muchos de los desentendimientos y desacuerdos posteriores. 

¿De qué manera fue asumida la triple candidatura por parte de los principales referentes de la izquierda frenteamplista en Maldonado de aquel momento? ¿En qué medida las dificultades políticas que sobrevinieron, para enlazar diferentes sensibilidades, tuvieron origen allí?  

No resulta descabellado pensar, que, tras haber obtenido los dos diputados frenteamplistas departamentales en las Elecciones Nacionales de 1999, y ser candidato único a la intendencia en el año 2000, perdiendo la contienda apenas por unos escasos 3500 votos frente al Ing. E. Antía, el Dr. Darío Pérez, desde su liderazgo de masas, haya sentido la inminencia de su llegada al gobierno y a la intendencia en 2005. En entrevista pública del año 2023 manifestaría, como al pasar, una frase cargada de simbolismo que reflejaba tal vez la sensación más íntima que lo habitó por aquellos días. Dijo: “Nunca me gustó colarme en una cola; ni que se colaran delante de mío, tampoco.”                                                             

No necesitó agregar, lo podemos deducir perfectamente de sus palabras, que se estaba refiriendo al ex intendente De los Santos, figura cuyo ascenso político se destacó particularmente por su gran rapidez e intensidad, en el tránsito del siglo XX al XXI. Tengo la convicción, de que la afirmación, el crecimiento y la proyección del liderazgo de De los Santos(un referente proveniente de las estructuras orgánicas de la izquierda uruguaya) fue impulsado desde su rol en la Junta Departamental de Maldonado, esto es, fue potenciado desde su lugar de primer edil frenteamplista en la legislatura 2000 – 2005. Ahí se pudo advertir, en un contexto muy particular, la solidez y la firmeza con la que De los Santos se lanzaba hacia el futuro. Debo decir también, en ese sentido, que en qué medida esto podría haber sido efectivamente así es algo que, a su vez, está por estudiarse. 

Yo tengo la impresión, de que el Frente Amplio ganó en Maldonado en 2005 no solamente por los efectos devastadores de la crisis de 2002. Si bien es cierto que el colapso, el quiebre y la desintegración social crearon las condiciones objetivas de posibilidad, y nadie niega el peso determinante de esos elementos estructurales, el FA ganó porque operó políticamente sobre ellos. Pienso que la izquierda triunfó porque logró componer una esperanza y representar una alternativa de cambio real frente a aquel derrumbamiento de comienzos de siglo. Aquella alternativa unitaria y plural que había comenzado a gestarse en los años 60; que se iría tejiendo desde la unidad sindical y la cultura; que fue hija de la represión pachequista así como de la observación atenta de la experiencia de la izquierda chilena y la crisis de los partidos fundacionales; y que tuvo su bautismo de fuego en las elecciones nacionales de 1971; aquella misteriosa ingeniería, increíble para casi todos los observadores extranjeros, donde socialistas, comunistas, demócratas cristianos, blancos y colorados habían decidido comenzar a caminar juntos, y por si fuera poco liderados por un militar; aquella fuerza política tenía, a comienzos del siglo XXI, una imagen de futuro mejor, posible, para poner a consideración de la ciudadanía. Tenía convicciones y responsabilidad. Tenía hambre y vocación. Y eso en Maldonado contaba con fuertes puntos de apoyo. Cuando el Ing. Antía llegó al gobierno departamental en el 2000, al presentarse institucionalmente frente a los ediles en la Junta, De los Santos fue el primero en hablar. Tomó la palabra en representación de su bancada para plantearle al intendente entrante la necesidad de declarar la emergencia social en Maldonado. Había miseria y pobreza, y también había nuevo gobierno. Pero sobre todo había una oposición con una potente actitud política para enfrentarlas. Y esa oposición tenía en De los Santos, en aquel momento, a un referente de autoridad que iría creciendo desde el legislativo departamental. Tal vez sea un dato menor y no aporte nada, pero el Dr. Darío Pérez nunca fue edil.       

Pero volviendo al 2015, lo cierto es que se nos impone como un punto de quiebre; se nos manifiesta como la culminación de una crisis y un ciclo político, a la postre desencadenante de un problema mayor, de fondo, de tipo existencial, de sentido e identidad; problema que, da la impresión, el Frente Amplio en Maldonado aún no ha logrado superar. Al navegar por estas aguas, uno advierte que la fuerza política que “supo impulsar un proyecto histórico en el Departamento, que propuso democratizar el poder, redistribuir la riqueza y dignificar la política como herramienta de transformación social”, hoy se encuentra dominada por un cierto estado de congelación y desconcierto, replegada sobre la nostalgia de sus gestas pasadas o incluso atrapada en sus propias fracturas. Esa situación de estancamiento, naturalmente poco auspiciosa, se manifiesta entre otras cosas en el hecho de que hace más de una década, el FA no logra ser un sujeto político competitivo en el territorio. Si bien conserva representación formal en términos institucionales, da la sensación de estar atravesando, hace muchos años ya, por una etapa de disminución y ausencia política. Es posible advertir, en la izquierda departamental frenteamplista, una especie ya de larga circunstancia, que configura un estado colectivo dominado muchas veces por la impotencia, el desánimo y la desilusión. Pienso que ese panorama, por momentos de asfixia y desolación, es, hace mucho tiempo, uno de los rasgos predominantes del paisaje frenteamplista en Maldonado. En ese contexto, el nacionalismo local ha consolidado una supremacía política cuasi absoluta. Que no quiere decir eterna. Ha impulsado un modelo de legitimidad casi sin oposición visible, que administra un ecosistema hegemónico, desprovisto casi de conflictos; ha promovido, y consumado, un cierto vaciamiento del sistema político local de alternancia y competencia. Las elecciones en el Departamento se han vuelto una disputa interna que tiene lugar en su seno; en el río de la política departamental, se ha impulsado una narrativa que presenta al Frente Amplio como un viejo puerto fantasma, que ya no es una amenaza, sino que es algo más bien ajeno a la identidad de Maldonado. La década de gobierno de la izquierda es presentada como una especie de intervalo sombrío entre dos ciclos prolongados de expansión, crecimiento y prosperidad departamental (uno liderado por Burgueño, otro por Antía. Ciclos que, por otra parte, habría que que estudiar). En ese sentido, la operación es clara. Cuanto más se pueda invisibilizar y omitir, mejor. Pero bueno es decirlo, también, que el Frente Amplio ha hecho poco para tratar de contrarrestar, desarticular y revertir todo esto. El Partido Nacional, ha logrado llevar la principal experiencia política de la izquierda en Maldonado al lugar de un desagradable recuerdo departamental. La década perdida (2005-2015), afirman, debe reducirse a la amarga expresión de un extravío del cual Maldonado pudo salir, por suerte, a tiempo. El mensaje es claro. Las oposiciones al modelo político departamental hoy dominante, deben resignarse frente a lo inevitable, deben aceptar, y deben someterse. ¿Por qué? Porque sencillamente no hay nada por hacer. Porque todos los esfuerzos que en ese sentido puedan desarrollarse, están condenados de antemano a la esterilidad. 

Ahora bien ¿es posible pensar que la izquierda frenteamplista en Maldonado, tras la dura derrota del año 2015 haya sido neutralizada? ¿Puede suponerse que desde el 2015 se encuentra trabada e imposibilitada de desarrollar líneas políticas de confrontación con el modelo dominante? Asumiendo esto no como una afirmación, pero sí como una posibilidad ¿Tiene vocación de permanecer indefinidamente en ese estado? ¿O por el contrario en algún momento será capaz de lamer sus heridas, reconstruir su fuerza propia y empezar a reaccionar? ¿Logrará superar sus limitaciones actual para volver a constituirse en una alternativa? ¿Mirará de frente sus problemas? ¿Romperá su pasividad y su inercia? ¿Permanecerá aprisionada en esta encerrona o por el contrario buscará traducirse en futuro, relanzando un proyecto interesante de reapertura de horizontes? ¿En qué medida la crisis de oposición que atraviesa es parte de una crisis mayor, que es la de la política, y ésta de otra aún más importante que es la de la estatalidad? No tenemos la respuesta. Más lo que parece evidente, por lo menos, es que el viejo fantasma de la pregunta de Lenin a comienzos del siglo XX merodea, recorre nuestras tierras. ¿Qué Hacer? La interrogante queda abierta… pero planteada.

Y frente a ella surgen múltiples posibilidades. Surgen desafíos en términos de comprensión y acción. Es muy probable que aquel ciclo político de la izquierda departamental que comenzó en los años noventa, alcanzó sus puntos más altos en 2005 y 2010, y se cerró, al menos provisoriamente, en 2015, tenga muchas cosas que decirnos, muchos asuntos por investigar, por poner en contexto, con sus luces y sus sombras.

Una parte muy importante de la institucionalidad académica uruguaya (UDELAR – Facultad de Ciencias Sociales – Instituto de Ciencia Política) ha logrado consolidar Programas de Estudio vinculados a las dinámicas subnacionales. Lo ha hecho impulsando trabajos colectivos y publicaciones desde una perspectiva cuyo enfoque se centra, fundamentalmente, en la descripción y la caracterización de los procesos electorales de los diferentes departamentos del país, y a partir del 2010 también de sus distintos municipios.

Ahora bien ¿Esos valiosos esfuerzos resultan suficientes? Reconociendo el valor de esos aportes, en lo personal entiendo que es imprescindible profundizarlos. Hay que internarse en el análisis de las experiencias políticas subnacionales. Es necesario hacerlo desde distintos campos y oficios, desde distintas miradas y fuentes, y sobre todo desde diferentes lugares, para poder construir con nuestras propias voces enfoques más consistentes y ajustados a la complejidad de dichos procesos. Es importante experimentar desde diferentes registros, utilizar diversas metodologías y formas de trabajo para continuar produciendo conocimiento crítico.  En ese sentido, en el libro propongo que, en un marco de complementariedad, el abordaje histórico puede ofrecer a la perspectiva política la posibilidad de construir representaciones de mayor alcance y profundidad. Una mirada de este tipo supone, al desarrollarse, la chance de establecer relaciones de sentido entre determinados hechos que cobran nueva luz al insertarse en procesos de mayor amplitud y significación.

Hay que explorar con atención y detalle la prensa local, oral y escrita; hay que examinar cuidadosamente las actas parlamentarias locales, esto es, el trabajo de la Junta Departamental a través de sus ediles; hay que poner en valor los testimonios por medio de la realización de entrevistas a diferentes actores; hay que colarse, con los permisos correspondientes, en los archivos particulares (que los hay), entre otras tantas cosas. Y hay que animarse. Y para animarse también hay que tener algo de incorrección.

DARÍO Y EL FLACO ha pretendido ser un primer aporte en ese sentido. Desde un campo prácticamente inexplorado como es el ensayo histórico político interpretativo departamental, ha buscado contribuir a la comprensión del porqué del retroceso político de la izquierda en Maldonado desde 2015 hasta la actualidad, y ha tratado de fundar una posición al respecto, que no es lo mismo que una opinión. Son cosas diferentes. Y lo ha hecho no desde el podio de la verdad revelada; ni mucho menos desde pretensiones totalizadoras. Si tuviera algún mérito, creo yo que él radica en abrir una ventana para comenzar a investigar y trabajar un campo hasta ahora bastante desatendido y subestimado. Hay mucho que desmalezar, hay que contraponer, no desde pedestales de grandeza, sino desde la dignidad de un oficio como el nuestro, con sus luces y sus sombras, frente a aquello de “está claro que el bueno en esta historia fue fulano, y el malo perengano”, aquello otro de “¿qué me van a venir a contar a mí la historia si yo la viví?”, o aquello de “bueno, tampoco era necesario un libro para conocer que entre De los Santos y Pérez había diferencias”. Y a propósito de los oficios, por ejemplo, así como el periodismo debería investigar al poder, desde la historia política deberíamos poder pensarlo sin que eso genere dramatismo alguno.

A propósito del libro, su naturaleza es la de un ensayo que cabalga entre la academia y la plaza pública. El ensayo es un género que tiene como ejes la provocación intelectual y la polémica. Juan Pablo Luna, en su ¿Democracia Muerta? Chile, América Latina y un modelo estallado. Ariel. Chile. 2024, afirma que: “El ensayo permite pensar con más libertad los problemas del desarrollo, la sociedad y la política. La relevancia de las preguntas que se exploran mitiga la falta de rigor y la ausencia de evidencia concluyente. La profesionalización de las Ciencias Sociales, y la adopción de métricas específicas de productividad académica, nos hacen muchas veces presos de la cuantificación y los estándares. A veces confundimos eso con la relevancia. La agenda oculta, o el beneficio intangible de elaborar algo como esto, es la vocación por abrir nuevas y ricas conversaciones e intercambios con gente interesante. Para ello, más que aportar respuestas o análisis contundentes, ansío que el libro alimente dudas, así como ganas de pensar y conversar con algo más de libertad que la que habilita el corsé de nuestros estándares académicos.”  Si Luna me lo permitiera, hago enteramente mías sus palabras.

En artículo de prensa del año 2005 el ex edil departamental Carlos Etcheverry había planteado lo siguiente: “Nunca imaginamos ser protagonistas de esta pequeña historia local. Para nosotros es una gesta magnífica. Esperemos que este peso no nos agobie las espaldas y que muchos desencantos, que seguramente sobrevendrán, sean asumidos con serenidad, sensatez y madurez”.  

¿Por qué el cambio de pisada iniciado en 2005 en Maldonado no se pudo consolidar? ¡Cambio de pisada con proyecto de desarrollo!

¿De qué maneras la falta de experiencia en el gobierno por parte de la izquierda fue un factor que dificultó la implementación de ese proyecto? Si la política, al fin y al cabo, es el arte de convivir con las tensiones sin dejar que ellas destruyan el proyecto común ¿Qué responsabilidades le caben a ella en esta historia?

¿El Frente Amplio subestimó al Partido Nacional luego del muy particular triunfo de 2005? ¿Pensó que había una etapa política superada en Maldonado? ¿Fue realista en esa lectura o tal vez desde una posición de superioridad ideológica y moral podría haber pecado de arrogancia y soberbia?

¿Se enfrentó la izquierda local a realidades muy instaladas y adversarios muy poderosos? De ser así ¿Le hizo frente con igual intensidad a todo y a todos al mismo tiempo? ¿Era compacta su base política como para dar impulso a reconfiguraciones radicales y aceleradas en casi todas las áreas simultáneamente? ¿En qué medida la falta de integración interna comprometía sus posibilidades de éxito y sostenibilidad en el tiempo?

A sabiendas de que los proyectos transformadores no existen en el vacío; de que se enfrentan a resistencias, inercias, debilidades y límites estructurales, ¿Estaban dadas las condiciones para impulsar y sostener, en el mismo momento, una revolución en marco del ordenamiento territorial? ¿Para decretar el fin del clientelismo, la corrupción y el caudillismo? ¿Para democratizar radicalmente las relaciones entre Estado y Sociedad? ¿Para transparentar la totalidad del funcionamiento de la administración pública? ¿Para impulsar la purificación total del vínculo entre el sector privado y la Intendencia? ¿Para desarrollar un ambicioso plan de descentralización, inversión pública en infraestructura en las periferias con sentido socio integrador y a su vez promover la construcción de una nueva escala de valores? Las interrogantes no son de naturaleza ideológica. El punto es ¿Podía un solo impulso abarcarlo todo sin comprometer la precaria estabilidad política?  

¿Puede reducirse la experiencia política de la izquierda en el Departamento  al inventario de un problema de tipo personal, de egos y poder, entre dos referentes o por el contrario eso puede pensarse, pongamos por caso, en relación al  formato, la dinámica y las tendencias principales en la interna de un partido, así como a las características o los perfiles que predominaron en un escenario complejo, en un momento particular, en un territorio de altísima trascendencia política como Maldonado?

¿En qué medida la consolidación de un modelo de liderazgo en permanente disputa, paradójicamente exitoso en las urnas, fue uno de los factores que en el largo plazo más tensionaron al interior de la izquierda local?

Si bien Darío Pérez eligió, dentro de las formas posibles para terminar sus vínculos con el FA, tal vez la más desgraciada, porque una carrera política cimentada en valores como la autenticidad, el coraje, el espíritu levantisco y librepensador, no se cerró ni con la bala de Masoller en el combate ni con el silencio del Paraguay frente a la derrota, y en ese punto terminó, políticamente como en un plano de rendición simbólica y cesión de dignidad, como una negación de sí mismo, ahora bien, la pregunta es ¿Todo eso puede asignársele únicamente a cuestiones como el carácter intransigente y personalista del tipo de liderazgo que el Dr. Darío Pérez encarnó? ¿Todo puede atribuírsele a un supuesto tema de dolor, por haber estado siempre tan cerca de y finalmente no poder llegar a? ¿No resulta eso riesgoso y hasta excesivo? ¿Es que no hay otras responsabilidades que se pueden señalar? ¿No habrá asumido el delosantismo como muy suya la victoria de 2005? ¿En qué clave fue leído ese triunfo? ¿Impulsaría el intendente electo los avenimientos necesarios para zurcir internamente? ¿O por el contrario sobrevendrían actitudes de avasallamiento, empecinamiento y sectarismo? ¿En qué medida la forma en que se fue construyendo el poder desde el inicio condicionó la convivencia interna? Es posible que un modo concentrado de entender el control político haya acentuado las fracturas, y que la naturalización de una lógica excluyente por un lado y tal vez de autoexclusión por otro, haya dado lugar a una concepción en la que el otro no era visto como parte del sistema, sino como un obstáculo. Lo cierto es que la política departamental se vio rápidamente dominada por una dialéctica de imposición y resistencia, donde la cooperación y la fraternidad, valores fundamentales en la izquierda, quedaron en un segundo o tercer plano. La falta de integración interna, así como la incapacidad de construir una narrativa compartida de gestión, evidenciaba que la izquierda había llegado al gobierno, pero no había logrado construir un poder político colectivo. Es probable que ese desgaste haya minado la capacidad de acción transformadora de la izquierda local, capacidad que existió y que efectivamente se desarrolló, pero al estar tan divorciada de una base política habitable que le diera sustento, dejó en claro que incluso buenos gobiernos pueden estar, por esa razón, condenados, heridos de muerte. La historia del FA en el gobierno de Maldonado parece confirmarlo: la división interna -más que la oposición externa- fue su mayor debilidad. La izquierda en el departamento parece haber sido víctima de sí misma: de su falta de pactos internos, así como de su dificultad para traducir los entusiasmos iniciales en una estructura de convivencia y de poder duradero. Pienso que las fuerzas progresistas locales no han podido salir de abajo de esos escombros. Considero que no han podido dar vuelta esa página. Y pienso que, aunque lógicamente el final del Dr. Darío Pérez resulte tentador para que una parte de la izquierda afirme aquello de “viste, el problema siempre estuvo en ese lugar”, ello no resulta suficiente para entender el estado actual del FA en Maldonado. Hay otras responsabilidades. Y no tienen que ver con esa autocrítica de microclima, aquella de “se perdió porque no se supo comunicar de manera correcta lo hecho”. Ello puede ser una parte del asunto, pero no basta.

¿Qué responsabilidades le corresponden al delosantismo en la Elección departamental de 2015? ¿En qué medida la Elección Interna de la Alianza 738 de octubre de 2013 transformó a una marca de la izquierda departamental en “un número reservado en la corte electoral, por si acaso? ¿Hasta qué punto aquel proceso (asumiendo el carácter de insustituible de De los Santos) hipotecó las posibilidades de victoria que la izquierda pudiera tener en las Departamentales de 2015 y comprometió su propio liderazgo a futuro? 

 Lo cierto es que el poder alcanzado sin cohesión interna, era un edificio construido sobre cimientos frágiles. ¿Podría pensarse que tal vez una parte importante de la sociedad de Maldonado haya decidido darle la espalda al proyecto progresista por esas razones de fondo? Es muy probable.  

¿En qué medida la implosión del FA en Maldonado en 2015 representó, y tal vez represente, el talón de Aquiles de la izquierda uruguaya? 

Es probable que estas preguntas sean tan solo la punta del ovillo, incluso una pequeña parte, de apenas una de las dimensiones de una experiencia muchísimo más rica y compleja de la historia departamental reciente. En ese sentido, DARÍO Y EL FLACO se nos presenta como apenas una primera aproximación; una primera ventana para comenzar a explorar.

Carlos Etcheverry escribió en el año 2006: “El 2005 fue inolvidable. Ver a Tabaré con la banda presidencial el 1° de marzo entre una multitud impresionante de pueblo con banderas uruguayas y del Frente Amplio fue conmovedor, y sentí en lo más profundo de mi ser que yo era parte de aquello. Luego llegaron las elecciones en mayo, y contribuimos a la histórica victoria de la izquierda local, en el departamento más atípico del país. Cuando hago el sano ejercicio de situarme entre los años 80 y 84, recuerdo… ¡qué lejos estábamos! Hagan memoria compañeros. Seis mil votos tuvimos. Ninguno de nosotros apostaba a que, en un plazo de tiempo relativamente breve, nos veríamos gobernando en lo nacional y en ocho Departamentos. Compañeros: tenemos que velar por esto; este es el punto de partida y el nudo del porvenir”.

Quisiera por último expresar, que lo más importante que suelen tener las luchas es que persisten y permanecen; se relanzan y se actualizan. Tienen la capacidad de transmutar el dolor y las heridas. A menudo cambian y reconvierten sus formas y su fuerza. Buscan la manera de ajustarse a los contextos y a las necesidades de cada época o situación. Cada generación se acerca a los problemas de su tiempo con la perspectiva de su generación. En ese sentido, es probable también que en este libro haya algo de una voz generacional, voz que se reconoce como parte de; voz que no viene a anular a. Voz que no esconde su posición ni su lugar, y  que tendrá que afirmarse como todas las voces propias, con valor, convicción y un poco de incorrección, para poder desencadenar nuevos dispositivos y acciones eficaces. Porque en la vida nadie le regala nada a nadie. Porque suelen haber herencias, pero no herederos. Y porque eso que algunos dirigentes suelen llamar “los relevos”, a contrapelo de lo que piensan muchos suele no ser lineal, no “se preparan”; son tal vez parte de procesos y dinámicas muy particulares. Mujica solía decir, desde su sabiduría campesina, que se deben tirar muchas semillas a la tierra, para que tal vez alguna de ellas germine. Pero también es verdad, aquello de que a veces, pese a nuestros esfuerzos sostenidos en aras del cultivo metódico y paciente, hay misterios indescifrables, y hasta los mismos zapallos, porfiados, prefieren brotar guachos. También están en la vida los hijos, para recordar aquella ley antigua de que, pese a las ayudas generosas de los padres, muchas veces ellos prefieren levantar lo suyo, que puede demorar un poco más, pero de seguro tendrá bases más sólidas, orgullo del bien entendido, íntima e intransferible satisfacción En el fondo estoy seguro, y ahí no me encuentro solo porque marcho acompañado, de que aunque a veces pueda doler el lomo, aunque a veces pesen las mochilas que se cargan o asuste el futuro, como decía Jaime Pérez nada ha sido, ni será en vano.   

Muchas gracias a todos por escuchar con atención, con generosidad y disposición. Han sido ustedes muy amables.